Bestia
AtrásEn la escena gastronómica de San Isidro, pocos nombres resonaron con la fuerza de BESTIA. Aunque hoy sus puertas se encuentran permanentemente cerradas, su propuesta dejó una marca indeleble, especialmente para los aficionados a la carne y al fuego. Este no era un simple restaurante, sino un proyecto culinario con una identidad robusta, liderado por el chef Nacho Trotta, que buscaba equilibrar la rusticidad del producto con técnicas de alta cocina. El resultado fue un espacio que, durante su actividad, se posicionó como un referente ineludible de la cocina de autor en la zona.
La filosofía de BESTIA giraba en torno a un concepto claro: el culto a la carne en su máxima expresión. Su gran diferencial y principal atractivo eran las carnes maduradas en seco (dry-aged). En el propio salón, a la vista de los comensales, se exhibían las cámaras de maduración donde reposaban imponentes cortes como ojo de bife, T-Bone y bife de chorizo. Este proceso, que concentra el sabor y ablanda la textura de la carne, era el corazón de la experiencia y justificaba en gran medida la visita. La cocina, también a la vista, era un espectáculo de fuego y precisión, donde parrillas y ahumadores trabajaban sin cesar para entregar platos con un carácter único y un sabor profundo.
Una Carta con Protagonistas Claros y Sorpresas Audaces
El menú de BESTIA, aunque no excesivamente extenso, estaba cuidadosamente diseñado para destacar la calidad de sus ingredientes. El protagonista indiscutido era el ojo de bife madurado, un corte generoso, a menudo de 900 gramos o más, pensado para ser el centro de la mesa. Las reseñas de quienes lo visitaron coinciden de forma casi unánime: la calidad, el punto de cocción y el sabor de esta pieza eran excepcionales. Su tamaño lo convertía en uno de esos platos para compartir, ideal para disfrutar entre dos o tres personas acompañado de guarniciones bien ejecutadas como las papas rústicas o el kimchi de la casa.
Sin embargo, reducir BESTIA a un solo corte sería un error. La creatividad del chef se manifestaba en las entradas, que escapaban de lo convencional. Un ejemplo recurrente en los elogios eran las mollejas, presentadas en combinaciones audaces como un puré de coliflor con chocolate blanco y láminas de naranja, o en versiones ahumadas con nueces y jengibre. También destacaban las empanadas fritas de carne ahumada, los baos, el tartar de ciervo y preparaciones que mostraban un dominio técnico notable, como el pulpo glaseado o platos con tuétano y langostinos. Esta fusión entre una parrilla de autor y la alta cocina era lo que definía su identidad.
Aspectos a Considerar: Una Experiencia No Exenta de Críticas
A pesar de su alta calificación general (4.3 estrellas sobre más de 1000 opiniones), la experiencia en BESTIA presentaba algunos matices. El punto más consistentemente señalado era el precio. Calificado con un nivel de precios elevado, muchos comensales sentían que la inversión valía la pena por la calidad del producto principal, pero era un factor determinante. Se percibía como un lugar para una ocasión especial más que para una cena casual.
Algunas críticas apuntaban a detalles que desentonaban con la excelencia de los platos fuertes. Ciertos clientes mencionaron que los postres no estaban a la altura del resto de la carta, resultando una conclusión algo decepcionante para una comida memorable. De forma aislada, también surgieron comentarios sobre una selección de vinos algo limitada para un restaurante de esta categoría o sobre detalles puntuales como un aderezo de ensalada que no cumplió las expectativas. En cuanto al servicio, la mayoría de las opiniones lo califican como bueno y atento. No obstante, una crítica particular señaló una actitud poco cordial por parte del maître, un detalle que, si bien aislado, afecta la percepción global de la hospitalidad del lugar.
El Ambiente y los Detalles Prácticos
BESTIA ofrecía un ambiente con una estética industrial y rústica, pero cuidada. La decoración, con grandes anaqueles llenos de conservas y encurtidos caseros, aportaba un toque de color y autenticidad. La distribución de las mesas permitía tener espacio suficiente, creando una atmósfera agradable y no agobiante, incluso cuando el local estaba lleno. La cocina a la vista y las heladeras de maduración no solo eran una declaración de principios, sino también un elemento central del diseño del espacio.
En términos prácticos, el restaurante no contaba con estacionamiento propio, aunque era posible aparcar en las inmediaciones, en una zona que contaba con vigilancia informal. Un punto a tener en cuenta para personas con movilidad reducida era la ubicación de los baños en una planta superior, a la que se accedía únicamente por escalera. Era altamente recomendable realizar una reserva previa para asegurar un lugar, especialmente durante los fines de semana.
Un Legado en la Gastronomía de Zona Norte
El cierre de BESTIA significó la pérdida de un actor importante en el mapa culinario de Buenos Aires. Fue un establecimiento que se atrevió a reinterpretar el concepto del bodegón de carnes, llevándolo a un nivel de sofisticación y técnica poco común. Su enfoque en las carnes maduradas y la cocina a las brasas de autor lo consolidaron como un destino para verdaderos conocedores. Aunque ya no es posible visitarlo, el recuerdo de sus platos y su propuesta audaz perdura como un ejemplo de cómo la tradición de la parrilla argentina puede evolucionar sin perder su esencia. Su historia es un capítulo cerrado, pero relevante, para entender la evolución de los bodegones en Buenos Aires y la búsqueda constante de la excelencia en el producto.