El Contrabandista
AtrásUbicado en la Avenida Acapulco, El Contrabandista se presenta como una opción gastronómica que opera las 24 horas del día en Santa Clara del Mar, una característica que por sí sola ya lo distingue. Su propuesta evoca la esencia de los bodegones tradicionales, con una ambientación marítima cargada de murales y cuadros que le otorgan una personalidad definida. Sin embargo, la experiencia en este lugar es un relato de contrastes, con aciertos notables y fallos significativos que cualquier comensal debería conocer antes de sentarse a su mesa.
Una propuesta de luces y sombras en el plato
La cocina de El Contrabandista parece tener dos caras. Por un lado, ofrece platos que cumplen con la promesa de la buena comida de bodegón: porciones generosas y sabores contundentes. Platos como las costillitas a la riojana son descritos como espectaculares, con carne tierna y en cantidad abundante. Otros comensales han elogiado el matambre a la pizza, el pollo a la crema y las supremas al verdeo, destacando que son opciones sabrosas y bien servidas. Estos aciertos se complementan con detalles de bienvenida, como una panera acompañada de pencas al escabeche y una sopa de cortesía, gestos que suman a la experiencia y recuerdan a los clásicos bodegones en Santa Clara del Mar.
No obstante, la inconsistencia es el principal problema. La milanesa, un pilar fundamental en cualquier menú de este estilo, es un punto de crítica recurrente y severo. Las opiniones varían desde que es excesivamente fina, casi como "una plantilla con pan rallado", hasta que llega a la mesa aceitosa o, en el peor de los casos, completamente cruda por dentro. Un cliente reportó haberla devuelto por estar cruda, solo para recibir un reemplazo en las mismas condiciones. Este fallo en un plato tan emblemático es una debilidad considerable.
Mariscos y guarniciones: un área a mejorar
La irregularidad se extiende a otros sectores del menú. Las rabas, por ejemplo, han sido criticadas por su elevado precio en relación con una porción mínima, donde la lechuga ocupaba más espacio que el propio calamar. La cazuela de mariscos también recibió comentarios negativos, siendo descrita como aguada y fría. Las guarniciones, como las papas fritas, no escapan a las críticas, calificadas de secas o preparadas con una variedad de papa no apta para freír. Estos detalles demuestran una falta de consistencia que puede transformar una buena expectativa en una decepción.
El ambiente y el servicio: entre la cordialidad y el caos
El local no solo llama la atención por su decoración, sino también por una política llamativamente abierta: es un establecimiento súper pet-friendly. No es raro encontrar perros de la calle descansando en el interior o clientes comiendo junto a sus mascotas, un punto que será un gran atractivo para algunos y una posible preocupación para otros. La presencia de pájaros volando en el salón también ha sido mencionada, generando dudas sobre la higiene del lugar.
El servicio es otro ámbito de contrastes. Mientras que las mozas son generalmente descritas como cordiales y atentas, la actitud de otros miembros del personal o de la gerencia ha dejado mucho que desear. Se han reportado situaciones poco profesionales, como un hombre, posiblemente el dueño, realizando arreglos eléctricos y cortando la luz durante el servicio, mientras se mostraba molesto con los animales y el personal. Asimismo, la gestión de quejas, como en el caso de la suprema cruda, fue manejada con desgano y mala actitud por parte del personal que trajo el reemplazo.
Precios y conclusiones
En cuanto a la relación precio-calidad, las opiniones están divididas. Algunos clientes consideran que los precios son buenos, especialmente para los platos bien logrados y abundantes. Sin embargo, otros sienten que el costo es excesivo para la calidad recibida, como en el caso de las rabas o una cuenta final que no justificó la experiencia. Un incidente específico sobre un plato del día cobrado a un precio muy superior al anunciado en el cartel enciende una alerta para los comensales, sugiriendo la importancia de verificar los precios y la cuenta final.
El Contrabandista es un bodegón de barrio con una fuerte personalidad y una oferta dual. Puede ser el lugar para disfrutar de un plato de carne contundente y sabroso a un precio razonable, o puede ser una fuente de frustración por la mala ejecución de platos básicos, un servicio inconsistente y problemas de gestión. Es un bodegón en la costa que representa una apuesta: se puede ganar con platos como las costillitas a la riojana, pero se arriesga a perder con una simple milanesa.