Treintasillas
AtrásUbicado en el barrio de Colegiales, Treintasillas se presenta como una propuesta gastronómica que se aleja considerablemente del concepto tradicional de restaurante. Su propio nombre es una declaración de intenciones: un espacio íntimo, con capacidad limitada, diseñado para ofrecer una experiencia controlada y personal. No se trata de un local a la calle con un cartel luminoso, sino de un restaurante "a puertas cerradas", un formato que prioriza la exclusividad y donde el acceso es únicamente con reserva previa. Esta modalidad, de la que Treintasillas fue uno de los pioneros en Buenos Aires, define por completo la visita.
El concepto: Más allá de un bodegón tradicional
Quien busque la atmósfera bulliciosa y las porciones desbordantes de los bodegones en Buenos Aires clásicos, no las encontrará aquí. Treintasillas juega en una liga diferente. Su propuesta se centra en un menú de degustación de varios pasos que el chef y propietario, Ezequiel Gallardo, diseña y modifica cada semana. Esta característica es, quizás, su mayor fortaleza y a la vez un punto a considerar para el comensal: no hay una carta fija de la cual elegir. La experiencia se basa en la confianza y en la entrega a la creatividad del chef, quien se ha formado con figuras como Gato Dumas y ha liderado cocinas de alto nivel antes de abrir su propio proyecto en 2007. El ambiente acompaña esta idea; las reseñas de los clientes destacan un espacio "encantador y fino", con un volumen musical que permite la conversación, creando una atmósfera cálida y agradable, ideal para ocasiones especiales.
La propuesta culinaria de Ezequiel Gallardo
La cocina de Treintasillas es el reflejo directo de la filosofía de Gallardo. Se podría describir como una cocina de autor con fuertes influencias mediterráneas, donde la calidad del producto y la creatividad en las combinaciones son protagonistas. Los menús semanales, que según el propio chef nunca se han repetido en más de una década, muestran una búsqueda constante por sorprender. Ejemplos de platos mencionados por los comensales incluyen combinaciones audaces como una ensalada de tomate con canela, frutilla y queso feta, o un carpaccio de ojo de bife con burrata y aioli. La técnica también es un pilar, con preparaciones como un puré de boniato descrito como "aterciopelado" que demuestran un dominio del oficio.
Un aspecto muy positivo, destacado de forma recurrente, es la flexibilidad de la cocina. A pesar de operar con un menú fijo, el equipo muestra una excelente predisposición para adaptar los platos a requerimientos específicos, como dietas vegetarianas, asegurando que todos los comensales puedan disfrutar de la experiencia de múltiples pasos. Esta atención personalizada es un lujo que no se encuentra fácilmente y diferencia a Treintasillas de establecimientos más grandes y estandarizados.
El servicio: Un pilar de la experiencia
La atención al cliente es uno de los puntos más elogiados de forma unánime. Los comentarios hablan de un servicio "magnífico", "cordial y con mucha simpatía", donde se cuida cada detalle para garantizar la comodidad de los visitantes. Desde la gestión de reservas para grupos numerosos hasta la amabilidad del personal de sala, la experiencia humana parece estar a la altura de la gastronómica. Este enfoque en el trato personalizado es coherente con su formato de capacidad limitada, permitiendo que cada mesa reciba un nivel de atención que sería imposible en un lugar con 150 cubiertos, una de las razones que motivó a Gallardo a crear un espacio pequeño.
Aspectos a considerar antes de reservar
Si bien la balanza se inclina mayoritariamente hacia lo positivo, existen ciertos puntos que un potencial cliente debe conocer para gestionar sus expectativas. El primero es el precio. Calificado como un lugar "caro", su propuesta se enmarca en el segmento de la alta gastronomía. Sin embargo, los mismos clientes que mencionan el costo suelen coincidir en que la relación precio/calidad es muy buena, posicionándolo como una opción valiosa para celebraciones o una cena especial, más que para una salida improvisada. A diferencia de un bodegón porteño económico, aquí se paga por la creatividad, el servicio y la exclusividad del entorno.
En segundo lugar, la consistencia, aunque altamente valorada, no es infalible. Alguna opinión aislada ha señalado platos específicos que no estuvieron a la altura del resto del menú, como una pieza de panceta con exceso de grasa. Si bien parece ser la excepción y no la regla, es un recordatorio de que en toda cocina, especialmente en una que arriesga con menús nuevos cada semana, puede haber altibajos.
Finalmente, la logística requiere planificación. El restaurante opera con un horario muy restringido, abriendo únicamente para la cena los días jueves, viernes y sábado. Esto, sumado a su capacidad limitada, hace que conseguir una reserva sea imprescindible y deba hacerse con antelación. Además, como es común en los locales "a puertas cerradas", la dirección exacta solo se revela una vez confirmada la reserva, y algunos comensales sugieren verificar bien la ubicación para no tener dificultades en encontrarla. No ofrece servicios de delivery ni take away, la experiencia está diseñada para ser vivida in situ.
Un veredicto para el comensal
Treintasillas no es para todos, y esa es precisamente su virtud. Se posiciona como una opción ideal para aquellos que buscan una experiencia culinaria curada, íntima y personal. Es un lugar para foodies, para parejas en una cita especial o para pequeños grupos que deseen celebrar en un ambiente tranquilo y sofisticado. Se aleja del concepto de los mejores bodegones por su modernidad y enfoque, pudiendo ser considerado una suerte de bodegón de autor, donde la firma del chef está presente en cada detalle. Quienes valoren la sorpresa de un menú cambiante, la atención esmerada y una cocina creativa encontrarán en Treintasillas una propuesta sólida y memorable en el panorama gastronómico de Colegiales.