Urquiza Bodegón
AtrásUrquiza Bodegón se ha consolidado como una parada casi obligatoria para quienes buscan la experiencia de un bodegón tradicional en La Plata. Este restaurante, ubicado en la esquina de la Calle 13 y 56, fundamenta su propuesta en uno de los pilares más apreciados de la cocina argentina: la abundancia. Aquí, el concepto de platos para compartir no es una sugerencia, sino la norma, una característica que define la visita desde el momento en que llega la comida a la mesa.
La propuesta gastronómica, aunque descrita por algunos como una carta algo corta, se centra en platos contundentes y de sabores caseros. La estrella indiscutible del menú es la milanesa a la napolitana, un plato tan generoso que tranquilamente puede satisfacer el apetito de tres comensales. Se sirve en una platina, con jamón cocido en tiras, queso dorado y rodajas de tomate fresco, una presentación clásica que cumple con las expectativas. Junto a las milanesas, las pastas caseras como los canelones, sorrentinos o ñoquis, y otros principales como el lomo a la crema o las costillitas a la riojana, refuerzan esa identidad de comida casera abundante que tanto atrae a su clientela.
La experiencia en la mesa: entre sabores y porciones
Al sentarse, los comensales son recibidos con un pan de campo tibio acompañado de alioli, un detalle que predispone positivamente para lo que vendrá. Las entradas siguen la misma línea de generosidad. Las rabas son frecuentemente elogiadas por su buena porción y sabor, algo que, según los clientes habituales, no siempre es fácil de encontrar. Otras opciones como los buñuelos de acelga, las papas a la crema o la clásica tortilla de papas completan una oferta inicial pensada también para ser compartida.
Sin embargo, es esta misma abundancia la que presenta un doble filo. Varios clientes advierten a los primerizos sobre la tentación de pedir entradas, ya que los platos principales son tan grandes que pueden resultar abrumadores. De hecho, el propio fundador y cocinero del lugar, Gonzalo Benavides, admite su tendencia a la exageración en las porciones, afirmando que es una relación directa con el concepto de bodegón. Esta filosofía, si bien es un gran atractivo, ha llevado a algunos a sugerir la inclusión de medias porciones para permitir una mayor variedad o para quienes acuden con menos apetito o en grupos pequeños.
Aspectos a considerar: más allá de la comida
El ambiente de Urquiza Bodegón es el esperado: un salón bullicioso, a menudo lleno por completo incluso en días laborables, lo que genera una atmósfera vibrante y familiar. Esta popularidad tiene una consecuencia directa: es casi imprescindible realizar una reserva para asegurar un lugar. La alta demanda también puede impactar en el servicio. Mientras que en días de semana la atención puede ser rápida y eficiente, en momentos de máxima concurrencia algunos clientes han reportado demoras en la llegada de los pedidos. Es un factor a tener en cuenta para quienes buscan una cena rápida.
La calidad de los platos, aunque generalmente alta, ha mostrado ciertas inconsistencias según las opiniones. Por ejemplo, mientras la milanesa es un éxito rotundo, algunos platos específicos han recibido críticas. Los bocadillos de acelga fueron descritos en una ocasión como insípidos y con exceso de masa, y la crema de hongos que acompañaba una milanesa fue percibida como demasiado pesada y posiblemente espesada con harina en lugar de una reducción de crema. Un detalle menor, pero significativo para los amantes del vino, es la mención de que en alguna oportunidad fue servido a una temperatura más cálida de lo ideal.
Relación Calidad-Precio: ¿Un bodegón económico?
Al hablar de precios de bodegones, Urquiza se posiciona en un nivel intermedio. No es una opción de "dos mangos", como señaló un cliente, pero la relación entre la cantidad de comida y el costo final resulta muy favorable. La posibilidad de compartir cada plato entre dos o tres personas convierte la cuenta final en una cifra razonable por comensal, justificando su popularidad y la percepción general de que ofrece un buen valor por el dinero invertido. Es un lugar donde se paga por una experiencia completa: ambiente, tradición y, sobre todo, platos que desbordan el plato.
Un dato interesante que añade una capa de prestigio a su cocina es la historia de su fundador, Gonzalo Benavides, un chef con experiencia en cocinas de renombre mundial como Mirazur, de su amigo Mauro Colagreco. Benavides regresó a su ciudad natal para volcar ese conocimiento en una propuesta que honra la comida reconfortante y familiar, creando uno de los bodegones en La Plata más emblemáticos, donde la alta cocina se traduce no en platos pequeños y complejos, sino en la calidad y el sabor de recetas clásicas ejecutadas a gran escala.